lunes, 10 de abril de 2017

Un paseo para recordar.

Nace un nuevo día y el sol amenaza la tranquilidad de la noche, perturbando su silencio con el cantar de los pájaros. Mi cuerpo comienza a despertar embriagado por el delicioso aroma a café recién hecho. Abro los ojos con una sonrisa y descubro a mi lado de la cama el desayuno preparado, junto con una nota, la que cojo con la taza humeante. Bebo un sorbo perdiéndome en los deliciosos matices del café que me devuelve a la vida y leo:


¡Buenos días dormilona! Desayuna, vístete y reúnete conmigo en la cuadra.


Ummmmm necesito una ducha rápida, termino de bebérmelo de un trago, salto de la cama y me voy al baño. Voy a vestirme deprisa que no quiero hacerlo esperar…
Vaqueros cómodos, camiseta de tirantes azul marino, unas botas altas, tanguita negro y sujetador. – ¿Dónde está mi sujetador?- Rebusco entre mi ropa sin encontrarlo. – Bueno pues sin él, que más da.
Bajo para dirigirme a la cuadra un poco ansiosa, me siento como una adolescente en su primera cita, sabiendo que tú estabas allí esperándome. Cuando llego a la puerta, ahí estas preparando el caballo para dar un paseo.
Detengo mi camino durante un instante para poder observarte, tranquilo, descuidado, relajado, con un mechón de tu cabello cayendo descuidadamente por tu frente, ummm te ves tan sexy con esos vaqueros, el polo negro y tus botas.. Con semejantes vistas no puedo evitar esbozar una sonrisa.
Te giraste justo en ese preciso momento y me pillaste mirándote.
-Buenos días “bicho” dijiste haciéndome salir de mi ensoñamiento.
- Buenos días “niño”.
Cuando sonríes siento que se detiene el mundo, sólo existimos tu y yo, lo más maravilloso que puedo tener es ese precioso y sincero gesto, que me hace sentir dichosa.
Camino de nuevo dirigiéndome hacia ti, podía notar como mi corazón se acelera a cada paso que doy sintiéndote más y más cerca. Me detuve delante de ti, me puse de puntillas para darte un beso.
Me observaste de arriba abajo detenidamente y alzaste la vista para mirarme a los ojos, me pone muy nerviosa no saber que estas pensando, si me das o no el visto bueno y me intimidas con tu mirada tan penetrante que parece leer mi mente mientras me eclipsas.
-¡Estás lista?- me diste un pequeño azote en el culo
-Cuando gustes.
-Vamos.
Subiste al caballo, tendiéndome tu mano para ayudarme a subir.
- Yo soy muy torpe, voy a caerme- Te dije con un tono de vergüenza en mi voz.
- No lo permitiré, sube.

Una vez ambos estábamos a lomos del corcel tu situado en mi espalda, tomaste las riendas y salimos a disfrutar del día.
Como de costumbre tú parloteabas contándome todo lo que veíamos a nuestro alrededor, el aire acariciaba la fina hierba haciendo figuras onduladas que se perdían a nuestro paso. Me apasiona escucharte y disfrutar de tu voz, cada vez podía sentirte más cerca, notando el ritmo de tu respiración, como retumbaba la voz en tu pecho. Tu aliento en mi cuello me hacia estremecer, un escalofrió recorría todo mi cuerpo, llegando hasta lo más profundo.
Posaste una mano en mi pierna, creando en mí un impulso involuntario de intentar cerrarlas, aunque inútilmente. Acariciabas mi muslo ascendiendo lentamente, pasaste a mi cintura, el abdomen, despertando un cosquilleo en mi interior, seguiste tu camino erizándome toda la piel, se podían apreciar bajo la fina tela de la camiseta que mis pezones estaban respondiendo a tu dulce tacto. Tomaste uno con dos dedos ejerciendo una leve presión, provocándome un pequeño gemido, podía notar como sonreías en mi cuello al tiempo que me besabas y mordías. Estaba en tus manos y no podía ni quería evitarlo.
Soltaste las riendas y me las dejaste a mí, querías tus manos libres para acariciar mis pechos. Volví la vista a ti para besar tus carnosos labios, forjándonos en un dulce, apasionado e intenso beso, transmitiéndote el deseo que siento por ti. De vez en cuando sale algún gemido de mi garganta mientras nuestras lenguas juegan, descubriéndose, saboreándose, con ansias de querer más el uno del otro.
Una de tus manos comienzan a bajar desabrochándome el pantalón e introduciéndose bajo mi ropa interior, tus dedos acarician mis labios, jugando hábilmente con mi clítoris, descubriendo lo excitada que estoy.
Esas caricias consiguen agitarme, me recuesto un poco hacia atrás para dejarte mejor acceso y así te introduces dentro de mi provocándome una ola de calor, apoyo mi cabeza en tu hombro, mis gemido son cada vez mas constantes.
Joder, si eso haces con tus dedos, ¿qué harás con tu polla?
Tu ritmo cada vez es más constante, más rápido, estimulando mi punto G y con tu pulgar me acaricias el clítoris.
Noto pegado a mí como tu miembro va tomando vida, uffff como me pone sentirla así, estoy a punto de correrme y lo sabes, incrementas los movimientos, ejerciendo mayor presión en la parte anterior de mi vagina. Mi clítoris palpita, mi respiración se acelera no puedo mas y termino en un orgasmo maravilloso con un grito ahogado. Comienzas a disminuir el ritmo, hasta sacar tu mano empapada de mí.
Me giro a mirarte y estas con esa sonrisa de superioridad que tanto me enciende, cojo tu erección diciéndote:
-Quiero comértela.
-Cuando lleguemos es toda tuya.
Sonrío de satisfacción, quiero darte un poco de lo que tú me acabas de dar.
El paisaje que nos rodea es precioso, creo que nunca he estado rodeada de tanta belleza verde.
Es una cálida mañana de primavera, el sol nos calienta y broncea, una suave brisa despeina nuestros cabellos, viento del que somos cómplices cortándolo cabalgando a caballo, te has propuesto aumentar la velocidad y el animal obedece tus órdenes.

Cuando menos lo esperaba llegamos a una playa desierta, cubierta por una fina arena de coral blanca que resplandecía con los rayos del sol, entrelazándose con las aguas del mar que suavemente deslizaba sus aguas acariciándola.
La inmensidad del mar se pierde en el horizonte fundiéndose en tonalidades azules que reviven el color del paisaje, creando una atmósfera paradisíaca.
Paraste el caballo, bajaste y me ayudaste a mí para que no cayera, cogiéndome de la cintura.
-Guau!! esto es perfecto, pero sabes que no traigo traje de baño.
-Te aseguro que no lo necesitas. Dijiste guiñándome un ojo.
Me acerque más a ti para besarte y susurrarte en el oído – Ya hemos llegado, ahora es mi turno.
Deslicé mis manos por debajo de tu polo, acariciando tu suave piel, me encanta que estés recién depilado. Fui subiendo lentamente, me apetecía disfrutar cada milímetro de ti, alzando cada vez más la prenda hasta deshacerme de ella, dejando al descubierto tu suave piel y ese maravilloso torso desnudo.
De tu boca pasé a besar tu cuello embriagarme de tu aroma en cada mordida, jugueteando con el lóbulo de tu oreja. Mi boca recorre tu cuerpo, besando, lamiendo y mordiendo lo que había a  mi paso. Te quito las botas de montar, desabrocho tus pantalones y revolotean mis dedos por la cinturilla rozando tu piel, te despojo de ellos despacio, observo tus bóxer negros ajustados marcando la longitud de tu miembro. “Que bien me lo voy a pasar” pienso esbozando una sonrisa picarona en mi cara. A la vez que deslizo tus pantalones rozo con mis labios tu erección, una vez quitados la acaricio con la punta de mis dedos rozándote suavemente con las uñas.
Me deshago de tus gallumbos dejándote “libre”
-Joder, que pedazo de polla…
Como me enciende esa risa de “cabronazo” que acabas de hacer. Tomo tu polla entre mis manos, firmemente, acariciando toda la superficie, paso mi lengua desde la base hasta la punta del glande despacio, notando todas tus venas marcadas, poso los labios sobre el frenillo, besándolo, succionando, lamiendo, jugando contigo, con tu glande hasta que empiezo a metérmela en la boca al tiempo que te pajeo con la mano, cada vez esta mas mojada, lástima que no me quepa entera, puedes notar mi garganta con ella mientras la deslizo dentro y fuera, presionando con los labios que cubren los dientes.
Hay instantes en el que me falta el aire e incluso me atraganto. Desde mi posición de rodillas observo tu cara de placer… acaricias mi pelo, apartando algún mechón rebelde que se interpone en mi camino. Paro de golpe sacándola entera aunque aun se pueden observar unos hilillos de babas que nos unen, te la restriego y vuelvo a lamértela entera, devorándotela y excitándome mucho.
Un sonido hace eco en mis oídos, parece un gruñido salido de tu garganta, no quiero parar, pero me apartas y haces que me levante.
Me quitas la camiseta sin más dilación, yo me despojo de las botas. Presionas mis tetas, sobándomelas, pellizcándome los pezones que se ponen duros preparándose para ser lamidos por tu lengua. Tus labios succionando delicadamente alternando con pequeños mordisquitos, con cada uno sacas un gemido mío, mientras me retuerzo del gozo.
No puedo evitar morderme el labio, me quitas los pantalones mientras besas mi abdomen y me retiras el tanguita. Extiendes una toalla enorme en la arena y me pides que me tumbe.
Tus manos comienzan a acariciar mis piernas desde los tobillos, despacio, por la cara interna de mis muslos, abriéndome, hasta llegar a mi sexo mojado, sonríes al ver tu efecto en mí. Con tus dedos separas mis labios para disponerte a lamer, morder, a probarme, atrapando mi clítoris entre tus dientes, haciendo que enloquezca. Respiro entre gemidos de placer, me apasiona lo que tu boca puede hacer conmigo, vas a hacer que me corra otra vez, tus dedos pellizcan mis pezones al tiempo que pasas a morderlos en el preciso instante que me penetras con fuerza, llenándome, sintiéndote, haciéndome gritar de placer. No puedo aguantar más y tú tampoco, exploto en un orgasmo intenso, mi espalda se curva y mi vagina te atrapa entre contracciones haciendo que tú también te corras.

Nuestra respiración es entrecortada, siento que aun estas dentro de mí… que quieres mas… sigues con tus movimientos que me torturan y comienzas a encender mis ganas de nuevo. Cambiamos de postura, estas desatado, estamos como en un estado en el que sientes que no puedes saciarte de la otra persona, hagas lo que hagas.

Me pongo a cuatro patas como me has pedido, me coges del pelo con fuerza, tirando hacia atrás, mientras muerdes mi cuello y tu otra mano dirige tu polla entre mis piernas, sin contemplaciones, con rudeza, susurrándome al oído lo zorra que soy. Con tu considerable tamaño siento como si me fueras a partir, abriéndote paso en mi interior, me follas duro, haciendo que te desee, que no pares nunca, creándome una necesidad de ti que me martiriza. Cada vez esta más salvaje, dándome un placer muy intenso cada vez que tu miembro me roza en ese punto que tanto me enloquece.
Por favor cabronazo, no pares…
Quiero más de ti, lo quiero todo, vuelves a morderme con más fuerza, provocándome un dolor placentero, que me hace vociferar de gusto, mi cuerpo te indica que estoy cerca, sales de mi haciendo que me ponga furiosa.
¿Qué haces? – te digo en tono serio.
Súbete. Me dices mientras te tiendes en la toalla.
Me gusta, llega mi momento de “cabalgar”. Me posiciono encima de ti, cojo tu polla para introducírmela, estás empapado de mí, de nosotros.
Comienzo a montarte despacio y voy incrementando el ritmo, cuando me doy cuenta estoy prácticamente inmovilizada por tus manos que me agarran los glúteos y siendo tu el que me embiste. Adoro que seas tan dominante incluso cuando parece que soy yo la que lleva la situación en las manos. Ya no lo soporto mas, termino en la mas increíble sensación que haya tenido, mi vientre no puede parar de convulsionar, mi vagina se contrae involuntariamente y el clítoris me palpita de satisfacción, me cuesta recuperarme un poco y cuando lo hago me encargo de ti.
Acunando tú polla entre mis tetas, al tiempo que chupo el capullo según va ascendiendo entre ellas. Estas a punto, te dejas llevar en un arrebatador orgasmo, están tas sexy cuando te corres, que morbazo, salpicas todo mi pecho.
Subo hasta tu boca dándote un beso sincero con el que quiero expresarte el agradecimiento por todo lo que me has hecho sentir.

Nuestros cuerpos están sudorosos, te incito para que vayamos a refrescarnos al agua.
Comenzamos a correr para ver quien llega antes, echándonos agua el uno al otro, hasta que me atrapas y me zambulles. Me siento libre, relajada y despreocupada, con la sensación de no necesitar nada mas, sintiéndome afortunada por tenerte en este instante junto a mí.
El agua cada vez nos cubre más, hasta el punto que ya no toco el suelo, me coges de la cintura y me sostienes a flotes. Pongo mis piernas alrededor de tus caderas.
Seguimos con nuestros juegos, nuestras risas que alternamos con tiernos besos, dulces, caricias y alguna que otra mordida. Poco a poco vuelve a embriagarnos la lujuria, nuestros sexos se rozan, haciendo que crezca el tuyo, al tiempo que me froto contra él, moviendo las caderas sin apenas darme cuenta.
Nos amamos en silencio disfrutándonos, del tacto de tus grandes manos recorriéndome, que aviva ese entusiasmo por ti, roces de cuerpo perdidos en el mar del frenesí que se anhelan. Caricias de mis pezones en tu pecho. El agua nos baña y las olas traviesas nos empujan compartiendo su vaivén mientras dulcemente te introduces en mi interior, tan delicadamente que me estremezco. El romanticismo del paisaje nos ha abordado y nos ha hecho participes de él. Lo que minutos antes en la arena era pura lujuria se había convertido en caricias sensuales y tiernas que encogían mi corazón, sellando cada herida abierta que quedaba en él. Este orgasmo dejo una huella imborrable de sentimientos, como la misma persona podía ser el conjunto tan perfecto, el impetuoso caballero, el dulce romanticón, el magnífico amante y como no el perfecto “cabron”. Adaptándose a todas las necesidades, haciéndome creer que yo puedo tener eso.
Mirando tus ojos por fin puedo decir que hoy he sido feliz.
Salimos del agua y nos tumbamos juntos en la toalla acurrucada encima de ti, escuchando el latido de tu corazón, tú acariciabas mi pelo y mi espalda, el sol nos secaba mientras mi cuerpo extasiado por tanto placer como me habías dado iba sucumbiendo al reino de los sueños.
De repente algo sucede, me siento inquieta intento aferrarme a esa deliciosa realidad de la que soy víctima, hasta que mi mente despierta de un magnifico ensoñamiento en el que por un instante fui feliz, presa de un maravilloso sueño contigo.
Siento una sensación de vacío que se apodera de mi, nada fue cierto… desgraciadamente sólo tendré
   
        “un paseo para recordar”.

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